El mercado no es soberano
Imaginemos por un momento ser parte de una familia de cualquier paìs pobre del Sur del mundo. Vivimos en una casa sin lujos, pero por lo menos tenemos cuatro paredes y un techo. Vamos adelante haciendo pequeños trabajos y cultivando pedazos de tierra cuyos productos utilizamos para quitar el hambre y para obtner alguna ganancia que nos permita comprar otra comida, medicinas, ropa y herramientas varias. Aproximadamente la tercera parte de lo que ganamos se va para comprar comida. Los precios de lo que compramos siguen aumentando mientras que lo que nos pagan para nuestros productos sigue disminuyendo. Lo llaman mercato, pero para nosotros es un engaño y nada màs. El año pasado, la crisis alimentaria causada por la subida de los precios (se vea el número 457 de Manitese, octubre de 2008) puso de rodillas a nuestra familia. Dicen que en el mundo los precios del trigo y del arroz han subido hasta un 150%, y lo mismo ha pasado con todas las materias primas agrícolas. Los precios aùn permanecen altos, aunque parezca que la crisis se haya reducido parcialmente.
Imaginemos ahora ser parte de una familia emigrada en los suburbios de una de las grandes ciudades (San Paolo, Nairobi, Manila) ya que no podía vivir de la sola agricultura. Antes por lo menos podíamos comer algo, ahora ni siquiera esto. ¿Por qué nosotros que cultivamos la tierra, que somos casi la mitad de la población mundial, somos los que siguen pagando el precio de la crìsis?
¿Hay comida para todos ?
El asunto es central para Mani Tese. Aquí es donde hemos empezado, lo que nos ha motivado por 45 años a intervenir en los países del Sur del mundo (hoy se le dice “Sur global”), pero también a intervenir en el Norte para intentar eliminar las causas de la pobreza y del hambre. El ex relator especial de la ONU para el Derecho a la Alimentación, Jean Ziegler, dijo que en el mundo hay una cantidad de comida suficiente para alimentar a 12 mil millones de personas, casi el doble de los habitantes actuales del planeta. De los años setenta la disponibilidad anual de cereales está entre los 300 y los 350 quilogramos por persona, poco menos de un quilo al dìa por cada ser humano, con una producciòn que crece al mismo ritmo del aumento demográfico. Es decir: hay más gente pero también somos capaces de producir más comida. Pero de las 2.232 millones de toneladas de cereales producidas en el mundo en 2008, menos de la mitad (aproximàdamente mil millones de toneladas) ha sido utilizada para alimentar a los seres humanos, mientras que la mayoría ha sido utilizada para los animales y para la producciòn de agro-combustibles. Esta competición en inglés es conocida como food-feed-fuel, es decir comida-forraje-carburante. Es el esqueleto de la injusticia que ha sido desarrollada por el sistema alimenticio mundial. No es una novedad, el problema es que esta tendencia parece no pararse nunca: los estadunidenses consuman un promedio de 123 kg de carne por habitante, los indùes apenas 5.
Los anillos de una cadena de ganancias
El sistema alimenticio mundial concentra recursos, poder y ganancias en las manos de pocos. Mencionemos algunos nombres. Pocas empresas privadas (Cargill inc, EE.UU.; Bunge Ltd, Bermuda; Archer Daniels Midland, EE.UU; Louis Dreyfus, France; Marubeni, Japòn) controlan el 90% del comercio mundial de cereales. Las primeras 30 empresas de comercio al detalle controlan un tercero de las ventas totales mundiales de bienes de consumo (Wal-Mart, EE.UU, 10%; Carrefour, Francia, 6%; Tesco, Inglaterra, 4%; para mencionar sólo las primeras tres). Seis corporaciones (Bayer, Alemania, 19%; Syngenta, Suiza, 19%; BASF, Alemania, 11%; Dow AgroScience, EE.UU, 10%; Monsanto, EE.UU, 9%; DuPont, EE.UU, 6%) controlan las tres cuartas partes del mercado mundial de pesticidas. El mercado de semillas està ahora ocupado en un 82% por productos patentados y 10 empresas venden más o menos el 70% de èstos últimos, con Monsanto y DuPont que cubren el 40% del mercado total. Las primeras 10 empresas controlan el 26% del mercado de productos alimenticios confeccionados (Nestlé, Pepsi, Unilever, entre otras). Sus carteras se inchan cada vez màs: durante la crisis alimentaria del año pasado, por ejemplo, las utilidades netas de Cargill han crecido en un 86% en pocos meses, pasando de 553 millones de dólares a 1030 millones de dólares; y las de Archer Daniels Midland en un 42%, pasando de 363 millones de dólares a 571 millones de dólares. Empresas que tienen el control de los precios por ser a menudo los únicos compradores; tienen familiaridad con el mundo de las finanzas y están en condición de influenzar las bolsas de valores, donde se especula sobre las materias primas agrícolas. Pueden condicionar hasta las decisiones de los gobiernos, a nivel nacional e internacional.
Quién influye en el mercado
Pese a que estos actores, quiénes actuan en los mercados internacionales, tengan en sùs manos apénas el 14% del comercio mundial, su capacidad de determinar los precios es enorme. Los precios se fijan en la bolsa de Chicago, la más grande “Wall Street de comida” del mundo. Las causas de la subida de precios de las materias primas agrícolas y de todos los productos derivados, y de la consiguiente crisis alimentaria del año pasado, son conocidas, aunque no haya un acuerdo unánime sobre el peso de cada una de ellas. Factores como la reducción de las provisiones de comida y la privatización de los “stock”, las aspectativas de crecimiento de la demanda debido al desarrollo de los grandes países emergentes, el menor crecimiento de la oferta debido a una disminución en los últimos años de las inversiones en agricultura, y la especulación financiera han empeorado la condición mundial de hambre. Hubo ademàs otros factores económicos que recientemente han llevado a una menor producciòn, como la reducción de tierras destinadas a los cultivos para alimentaciòn, el siguiente incremento de los cultivos de productos agricolas para agro-combustibles, y el aumento de los costos de producción y transporte debido al aumento del precio del petròleo (para profundizar, vease Manitese n.457 de 2008 y n.461 de 2009). Màs allà de las complejas causas de la crisis alimentaria, es importante subrayar un tema central: los precios no suben porque la demanda es más grande que la oferta; en otras palabras, no hay un problema de disponibilidad de comida. El comercio local y regional, ademàs, satisface en un 86% el abastecimiento requerido de comida; a pesar de esto, la fijaciòn de los precios, que vale también en los mercados locales, depende de la actividad de las grandes empresas las cuales, como hemos visto, han aumentado considerablemente sus ganancias.
La alimentaciòn, la tierra, la gente en el centro
Por tales razones la alimentaciòn, la tierra y la gente tienen que volver al centro de la atención mientras que las políticas públicas deben tutelar a las personas en calidad de productores y consumidores y deben defender la tierra. Alrededor de la comida se juega una batalla enorme de civilización: la gestiòn de los recursos naturales (por ejemplo, el agua que por el 70% cumple con las necesidades agrícolas), el valor que asumirá el trabajo en los campos, la sostenibilidad del sector primario en términos energèticos y medioambientales, la defensa de los cultivos, de las culturas tradicionales, de la tierra y de la biodiversidad, sobre todo en los territorios indígenas y en las reservas naturales, el rol de los gobiernos y de todos los actores internacionales. La defensa de la alimentaciòn es una manera para defender al hombre y a la mujer. Volver a poner estos elementos en el centro significa garantizar un futuro a las personas, sobre todo a las que viven en países ya afectados por un empobrecimiento crecente, como hemos imaginado al principio de este artículo. De la alimentaciòn depende el futuro de la democracia que es un cuestiòn de soberanía de los pueblos y no de unos cuantos. Soberanía alimentaria, por supuesto.
Insertar:
“El fin esencial de la comida, nutrir a las personas, ha sido subordinado a los objetivos económicos de un puñado de corporaciones multinacionales que monopolizan todos los aspectos de la producción alimentaria, desde las semillas hasta las mayores empresas de distribución, y son ellos los primeros beneficiarios de la crisis mundial. Una mirada a los datos de 2007, cuando empezó la crisis alimentaria, muestra que corporaciones como Monsanto y Cargill, que controlan el mercado de los cereales, han visto sus ganancias crecer del 45% y 60% respectivamente, mientras que la empresa líder del mercado de fertilizantes, la Mosaic Corporation, filial de Cargill, ha redoblado sus ganancias en un solo año.”
Miguel d’Escoto Brockmann, Presidente de la Asamblea general de las Naciones Unidas.
Campaña “Yo como local.
Sin especulaciones añadidas”
En ocasión de la Jornada Mundial de la Alimentación del próximo 16 de octubre, Mani Tese lanza la campaña: “Io mangio locale. Senza speculazioni aggiunte.” ( Yo como local. Sin especulaciones añadidas.)
Se trata de una campaña pensada para sostener el derecho de todos los pueblos a la soberanía alimentaria, es decir el derecho a implementar sus proprias políticas agrícolas y alimentarias y luchar contra el hambre y la pobreza a través del fortalecimiento de los mercados locales.
Mani Tese organizará eventos en todas las plazas de Italia para reafirmar la efectividad de comportamientos y decisiones que puedan garantizar el derecho a la alimentaciòn en todo el planeta. Decisiones que a menudo salen de pequeños gestos cotidianos, que todos los consumidores podemos adoptar en nuestro consumo alimentario de cada dìa.
La campaña “Io mangio locale” tiene como objetivos:
- reiterar y sostener el derecho de todos los pueblos a decidir de sus propias políticas agrícolas y alimentarias y luchar contra el hambre y la pobreza a través del fortalecimiento de sus mercados locales;
- reafirmar el poder que los consumidores y los productores tienen en todo el mundo en la determinación de comportamientos sociales y de decisiones económicas relacionadas con la producción y distribución en un contexto de justicia global y de sostenibilidad social y ambiental;
- apoyar concretamente el trabajo de nuestras contrapartes locales hacia la soberanía alimentaria;
- promover y fortalecer las redes de consumidores, productores, instituciones, ciudadanos quienes, a través de acciones orientadas hacia la justicia, la austeridad, el consumo responsable y la solidariedad, puedan compartir buenas prácticas, adoptar nuevos estilos de vida y promover concretas formas para modificar el actual modelo de desarrollo.



